Mi perro es gay

 

 

 

Si ya llevan tiempo visitando mi web, sabrán quién es mi perro, pues escribí sobre él en este artículo.

Descubrí que además de ser un hijo de puta también es homosexual. Pero no un homosexual comedido como los que últimamente han estado aceptando en nuestra sociedad... no como esos que pasan desapercibidos en tu salón de clases o trabajo... o como los que echan una "miradita" a las braguetas vecinas en los baños públicos, no: él es total abierta y absolutamente gay, al punto que no puedo descuidarme cuando está cerca.

Es tan gay que me dan ganas de internarlo en un colegio militar. Ha sido una desgracia desde que llegó y si bien ha hecho de ésta la casa más segura de todo el vecindario, no lo ha logrado precisamente por razones decorosas... los ladrones no se quieren meter aquí porque ya agarró fama.

 

Por lo menos en South Park, "Sparky" el perro marica, era el que estaba encima... no el de abajo.

 

Hasta la fecha, le hemos traído aproximadamente a 4 perras, todas en celo, y nunca montó a una. De hecho, recuerdo que pasé una de las mañanas más vergonzosas de mi vida cuando tuve que abrir la puerta del corral porque la perra lo estaba persiguiendo y él aullaba para que lo sacaran de ahí.

Cada vez que voy al baño a hacer mis necesidades siempre, SIEMPRE, está husmeando detrás de la puerta.

Para probar mi punto, he tomado varias fotos:

 

Aquí lo vemos tomando una siesta al aire libre como si fuera un diseñador de ropa famoso. A veces me echa del sofá para ponerse él.

Ajusta la claridad de tu monitor si no lo ves bien.

 

Aquí está cuando lo regañaba otra vez por ser homosexual. Si hay algo peor que sus costumbres sodomitas, es cuando me observa como si yo fuera un blanco racista ignorante.

 

Aquí decidió "voltearme los ojos" y seguir durmiendo. Qué hijo de puta.

 

 

Lo peor es que además deja que pasen los gatos al jardín. Inclusive sé que se hizo amigo de uno bien grande que es anaranjado... eso fue el colmo. Si yo fuera perro, me la pasaría todo el día intentando comerme a un gato. Pero él no... él es un perro "liberal".

Parece que se dedicara a hacer todas las cosas que me hacen un ser humano infeliz. Además, se acerca siempre que colocan al grupo Miranda por la radio.

Me hace sentir que he fallado como dueño.

Por si fuera poco, hay gente que viene a visitarlo regularmente... personas que él "conoció" cuando lo saqué a pasear por última vez hace 3 años. Lo que quiere decir que el vecindario lo quiere más a él que a mí. La gente pregunta cómo está él en vez de cómo estoy yo.

Tiene más amigos que yo. Y si tuviera la capacidad de hablar, sé que también recibiría más llamadas por teléfono.

Lo peor de todo es que desde hace poco he estado sospechando que tiene un novio en la calle de abajo, un pastor alemán. El día que los sorprenda juntos saco la escopeta.

Pensar en lo que hará con otros perros me hace enojar más que el día que salí con un rifle de aire comprimido a matar pajaritos y él se puso aullar para que todos volaran lejos.

Unos vecinos lo invitaron a pasar el año nuevo con ellos. Pero yo dije que no: si yo me siento miserable, mi perro también será miserable conmigo el 31 de diciembre.

 

Aquí estoy yo, en el ápice de toda mi masculinidad... con mis sandalias, mi linterna amarilla y mi destornillador multi-usos arreglando un aparato electrodoméstico como Dios Manda... mi hombría mustia y rancia afectó los chips de la cámara, haciendo que la foto saliera distorsionada.

 

Hasta que llega el perro acostándose en mis piernas, y obligándome a poner todo a un lado para que le haga cariños.

 

 

Algún día traeré una mascota nueva a la casa. Lo reemplazaré con un cerdo salvaje, tal vez una tortuga gigante dermochelys coriacea, que puede partir a un hombre en dos pedazos de un mordisco, o algún otro animal masculino...

 

 

 

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11 de diciembre de 2005

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